martes, 17 de noviembre de 2015

Cuando un peleador se entrena para enfrentar al más grande y el más grande se entrena para una pelea más...

Hay una diferencia, por supuesto, con esta nueva dirección en la historia de la lucha.

Lo que sucedió en la derrota de Georges St-Pierre a manos Matt Serra en su momento, fue que él no apareció en Good Morning America para anunciar la pelea para empezar. Tampoco fue el primer varón en conquistar un título de la UFC, ni fue el catalizador para la existencia misma de la división de las 170 libras. No fue él quien dio la plataforma a Serra. No estaba invicto, ni era considerado por el resto del mundo en general como novelístico e invencible. No tenía a Beyoncé citando sus declaraciones de inspiración durante sus conciertos, ni tampoco apareció como invitado de SportsCenter. No hubo un Jimmy Kimmel entrevistándolo, ni camafeos de la WWE, ni best-sellers del New York Times. Sus palabras no provocaron un efecto dominó a través de la cultura pop. Él no alteró el pensamiento acerca de la imagen corporal y la sexualidad, ni saltó a través de las barreras de género. Él no era un pionero o un salvador de este deporte. La gente (fuera de Canadá) no lloraba en histeria cuando entraba en una habitación.
No, cuando Matt Serra lo venció, sólo demostró que todo es posible en una pelea.
Cuando Ronda Rousey fue noqueada por Holly Holm, la noche del sábado en Melbourne, fue la posibilidad la que recibió el golpe; fue la estrella más brillante en el firmamento del juego, la que se estaba desvaneciendo ante nuestros ojos. Era profundamente diferente. Todas las ilusiones sobre su inmortalidad se vinieron abajo,  no sólo en Rousey mientras caía a la lona, ​​sino también en el público hipnotizado.
La conmoción colectiva no fue sólo en el aspecto histórico de lo que estaba en juego, sino en la gran crebilidad de habernos dejado llevar. La grandeza no permanece por mucho tiempo en perfectas condiciones, lo sabemos, sin embargo, fue muy divertido ignorar esto!
Y, por supuesto, los deportes están en su máximo esplendor, cuando llegan a esos niveles. Cuando las narrativas deforman la realidad y la gente comparte una ilusión mientras esta dura.
Todo el mundo sabe que no existe la invencibilidad, especialmente en las peleas donde existen premios, pero con Ronda estábamos dispuestos a hacernos los ilusos. Ella era un tipo de estrella diferente, ella se encontraba por delante de sus contemporáneas; ella no ha sido sino simplemente embriagante desde que ascendió al título de la UFC,  después de que la Strike-Force adquiriera el pago por evento; Joe Rogan dijo que no era una peleadora única de una generación, sino una peleador única en la historia; él estuvo a punto de llorar, cuando ella publicó en su podcast la actualización de su valor histórico.
El hechizo se extendido a su socio, Mike Goldberg, que justo en el momento en que Holm se encontraba destruyendo a Rousey, gritó torpemente, "se necesita una gran cantidad de energía para ser una estrella de rock!" tal fue el desafortunado olvido de esos seis minutos antes de que Rousey cayera.
Debe haber sido un largo, pero largo vuelo camino de regreso a los Estados, tanto para los ejecutivos de la UFC como para el personal. Solo hay que imaginar la naturaleza profunda de que todo lo que se perdió; significa un amanecer lento, apareciendo una serie de olas nauseabundas, una tras otra. Aquí va esto, aquí va esto otro; Mier… Rousey ya no es la tormenta perfecta, ya nunca más se podrá comercializar de la misma manera nuevamente.
Una estrategia perfectamente ejecutada, fue todo lo que se necesitó para humanizar a Rousey, quien se encontraba en la cúspide, con destino al cementerio de los inmortales del deporte, de todos los tiempos; sí ella ya logró cruzar ese umbral, el tiempo lo dirá.
Pero Holm ahora ostenta el cinturón, una imagen impensable en el período previo; permaneció en movimiento y castigó la agresividad de Rousey, que por cierto fue mucha, cuando llegado el momento de atacar, lo hizo sin contemplaciones; Holm fue brillante; ella fue todo lo que la gente no pensaba que fuera; que estaba preparada, que pudiera aprovechar la oportunidad, que fuera superior. Esa imagen de la patada a la cabeza va a perdurar para siempre.
Y la devastación de esa patada a la cabeza cambió todo; la división de peso gallo femenil, está ahora abierta para todas de nuevo. La celadora está fuera. Hubo regocijo por parte de todo el mundo, desde Cristiane Justino pasando por Miesha Tate hasta Amanda Nunes después. Esta pequeña imagen tomó mucho color.
La UFC 200, la fecha inevitable para la próxima defensa del título de Rousey en julio, ahora está colgando por ahí, como una fecha de redención; aun cuando esta le llegue su próxima oportunidad, la idea de su trascendencia vital, que es una luchadora sin paralelo, dentro las peleas, ya no está en disputa.
¿Cómo responderá? Ese es el nuevo drama, pero va a ser diferente. Los fanáticos reaccionarios están más preocupados por su respuesta que aquellos fanáticos de ocasión, pues ahora han visto que lo impensable se convierte pensable. La esencia de su encanto ahora pertenece a Melbourne. No puede ser lo mismo nuevamente. Las cosas van a estrechar.
No es que no hubiera mucho de poético en la UFC 193; hay mucha inspiración en ver a alguien catalogado como no favorito, caso Holm, que aparezca en su mejor forma, en el momento exacto para que todo se acentúe sobremanera. Si Rousey inspira a las jóvenes a ser como ella, Holm inspira a todos los que han estado soñando despiertos para golpearla.

Y es difícil no apreciar modelo de la UFC para llevar acabo los enfrentamientos, en todo esto. Sean Shelby y Joe Silva retadores de lo escrito, ellos creen que pueden vencer al campeón. Ellos no protegen a nadie, al menos no por mucho tiempo. Esto no es boxeo; El UFC hace a sus campeones vulnerables en todo momento. Es en esa apuesta que la esencia de estas cartas se destaca. El UFC vende vulnerabilidad, así como invenciblilidad. Holm fue programada para enfrentar Rousey.